¿Haces tribu?

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¿Haces tribu?

Últimamente tengo el blog un poco “de la mano de Zeus” y es que la vida no me da para tanto. Todos los días se me ocurre algo en lo que escribir pero acabo con las ideas entre sueños. Y hoy, que es el último día del año, no lo podía dejar pasar.

Y todo ha comenzado como siempre, gracias a vosotras. Gracias a vuestros mensajes ya desde por la mañana haciendo balance del año y agradeciendo, en resumen, la compañía. Bien mía, bien de grupos. Presenciales y virtuales.

Y desde este comienzo de día empapado en agradecimiento os planteo mi deseo para el año que entra y que va dirigido sobre todo a las madres y seguro que me podéis ayudar a conseguirlo…

Y es que me gustaría que se volviera a hacer tribu. Y tribu no es un montón de madres con bebés en  fulares y con la teta fuera (que también). Tribu no es secta. Tribu no es hacer lo que hacen los demás. Ni vivir en comunas. Hacer tribu no es aislarse. Ni dejarse rastas. Se puede hacer tribu con maquillaje, tacones y un carrito de diseño de dos mil euros. Se puede hacer tribu en el pueblo y en la ciudad. Porque para hacer tribu se necesitan solo dos orejas dispuestas a escuchar y dos brazos preparados para abrazar. Para hacer tribu se necesita empatía. Sororidad. Respeto.

No juzgar.

No juzgar.

Y no juzgar.

Y cuando entramos en este trabajo – porque sí, cuesta trabajo-  nos liberamos. Todo se ve diferente, dejamos de juzgar a los demás y empezamos a notar como poco a poco, dejamos de juzgarnos, también, a nosotras mismas. Además, no hay mejor manera de enseñar a nuestros hijos e hijas a ser respetuosos que siéndolo nosotros mismos, con ellos y con los demás.

A veces, las madres nos vemos sumidas en la soledad, parece que nadie te entiende. Parece que todos los bebés duermen, comen y cagan. Pero no, los bebés te golpean el alma el día que menos has dormido, hacen que se tambaleen los cimientos de tu vida. Te miran con esa inmensidad que les cabe tras los párpados y te abruman. Y te aterras. Y te dan ganas, a veces, de salir corriendo. Y te sientes mal, te juzgas, te haces pequeña. Aunque la mayoría de las veces se va la niebla y se escampa el corazón, queda ese pequeño rocío fresco que va calando…  y que sin duda, volverá, varias veces durante muchos años.

Y cuando saltas a este abismo y te encuentras aceptada dentro de él, cuando cuentas que estás en la mierda (con perdón) y una mano te toca el hombro y te dice “yo también, estamos juntas”… cuando ves más ojeras aceptadas, más dolores expuestos, más heridas reconocidas… todo se vive diferente. TODO SE VIVE.

Os deseo un 2018 lleno de nacimientos respetados, de crianzas con amor, de decisiones informadas, de juicios dormidos y de mucho, muchísimo, amor.

Gracias por estar aquí, por leerme, por compartirme y por todo lo que me dais. Recordad que podéis seguirme en Facebook o leer más entradas aquí.

 

Inés

www.naturmamy.es

 

Una respuesta

  1. Feliz año! Mucho amor!

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