Bajada de ego: La doula que no estuvo en mi parto.

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Esta semana es la Semana Mundial de la doula. Se pueden leer por la red un montón de relatos de parto acompañados de una doula, experiencias personales, explicaciones de qué es una doula.

Hace tiempo que quiero hablar de esto, pero necesitaba bajarme un poco del ego en el que estaba subida para poder explicarlo bien.

Hace dos años nació mi segundo hijo. El primer parto (Puedes leer una “comparativa” aquí “Parto respetado vs parto al uso”)  fue todo un pack (tres hamilton sin informar ni consentir, inducción, oxitocina, 24 horas sin comer, no podía beber, vías, inmovilización, ridiculización por parte del equipo, epidural puesta dos veces (la primera mal, obviamente) lo que me dejo coja y muy jodida un mes y medio, episiotomía sin necesidad (sin informar y sin consentir, y que me ha tenido casi 4 años jodida también), hemorragia posparto que no me hicieron ni caso y a las 12 horas expulsé un coágulo enorme… en fin, un terror. Lo más heavy, de verdad, lo más fortísimo de todo esto es que a mí me preguntabas que qué tal el parto y te decía que bien. Y aquí, viene que ni pintada la frase de ¡Bendita ignorancia!

Pero algo no terminó de cuadrar en mí… y a raíz de esta experiencia y otras siguientes llegué hasta aquí. Me formé como doula, asesora de lactancia, de porteo, método naces… lei tropocientosmil libros, comprendía y comprendo cómo funcionan las hormonas en el parto, sé cómo defender mis derechos y los de mis hijos y sé que lo que sé, es poco… pero todo lo que sé, se lo trasmito a las madres con toda la emoción que puedo.

Así que, cuando llegó el momento del nacimiento de Lucas y yo estaba ya en el Hospital, Concha (que al final os cuento quién es) me dijo… “Si quieres voy”. Yo, agradecida de corazón, le dije que no hacía falta. Un poco de me sabe mal y un mucho de (y aquí me bajo del ego); Estoy muy bien, lo llevo genial, sé cómo funciona esto, sé las fases, controlo… no me hará falta. ¡Si yo soy doula! (ni pensar que uno no puede acompañarse a uno mismo… de idiotas, ¿verdad?)

Y todo fue así, aguantando las contracciones súper bien y un montón de horas. Hasta que sentía que quizás ya habría avanzado y bajamos a que comprobasen mi dilatación. Y ahí, el fantasma del parto de Marcos apareció, las prisas se dejaban ver (casi 24 horas de bolsa rota), las contracciones eran intensísimas y nada efectivas (las prostaglandinas en tira, que son así de enrolladas)…

Una vez el matrón comprobó mis 2cm de dilatación el dolor comenzó a tornarse insoportable, se convirtió en una contracción constante, no tenía respiro y no podía pensar, ni relajar. Ahora sé que la adrenalina se apoderó de mí por todo lo que me vino a la mente… Me pinchó un relajante.  Dios, solo quería colgarme de algo. Pedí la epidural, así que me volvió a mirar y ya estaba de 4. Me la pusieron y al ponérmela, estaba de 6. Y a la media hora, nació Lucas.

Mi marido fue crucial, fue un gran apoyo. Me acompañó lo mejor que supo. Pero el momento de pedir la epidural, él lo vivió con miedo. Alucinó de que yo, que tantísimo le había leído y contado sobre el parto natural, que tantas ganas tenía de vivir este parto consciente… estuviese pidiendo la epidural. Y él ¡que pensaba que era yo la que lo tenía tan claro! No supo más que respetarme, decirme un ¿estás segura? y dejarme en aquel box, en ese momento, con más pena que yo, seguro.

Pasaron los días, y aunque estaba muy feliz porque lo había vivido consciente e informada (aquí mi relato más “romántico” Bailando con la vida, esa última hora y media, me mataba. Y aun me mata. Y me acuerdo tanto de Concha…

¿Por qué no pensé, una vez de 4 cm, que podía pedir la casa de partos? ¿Por qué no recordé que allí había un fular para colgarse, si era justo justo lo que necesitaba? ¿Porqué, sentada en la camilla, notaba como volvía a controlar un poco y no dije “ya da igual, no me la pongas”? ¿Por qué tras la epidural, viendo cómo iba todo de rápido, me pusieron oxitocina y no dije nada?

La respuesta es fácil… por más que viaje a ese momento y me vea “eligiendo lo correcto”, no vale de nada. Porque ahora, sentada en mi ordenador (con Lucas en la teta, por cierto), todo se ve muy claro. Porque ahora soy racional, estoy racional. Y entonces no. Y me faltó esa pequeña conexión entre el cielo y la tierra. Me falto esa voz de “recuerda”... que puedes ir al fular, que esto es un punto de inflexión, que remontas, que tú puedes, que tenemos la bañera… Me faltó su compañía. Me faltó esa voz sabia, que al comenzar todo, simplemente, me hubiese dicho ¿Estás segura de que quieres irte ya al hospital? Y a partir de ahí, seguramente, todo hubiese sido diferente. O no, quién sabe. Pero siempre volveré a ese WhatsApp del 5 de febrero y escribiré; “sí, ven”. Volveré a esa sala de dilatación, varias veces al año, y me veré diciendo, vamos a la casa de partos. Me visualizaré en la bañera, en el fular, pariendo a Lucas notando todo… y sentiré pena, y me acordaré de ella. Pero me reafirmaré, una y mil veces en la importancia del acompañamiento. En la importancia de la doula. Y de aquella experiencia, que a pesar de todo fue brutal, preciosa e inolvidable, saco un aprendizaje que no está escrito, que no hay títulos ni horas de formación para poder reflejarlo.

Concha es la doula con la que me formé. Concha fue, la que la noche de antes de hacerme el test de embarazo, me escribió y me dijo: “si quieres doula, cuenta conmigo”. Ella me enseñó, me contó, me hizo leer, estudiar y descubrir. Es esa mujer en la que pienso cuando tengo dudas en un acompañamiento.  La conocí comiendo un día en la formación de asesoras de lactancia que daba su hija. Le pregunté que qué era eso de acompañar. Estuve más de un año pensando que lo entendía, pero me faltaba llegar a Lucas así para entenderlo de verdad.

Gracias Concha.

 

4 Respuestas

  1. He recibido completamente mi segundo parto, yo súper informada, sabiendo lo que quería, decidida a enfrentarme a todo, y al final caí igual que tú. En mi zona no hay doulas, N se puede acceder a ese acompañamiento tan importante.
    Eso es lo que ha hecho que mi deseo de formarme como doulas y poder acompañar a otras madres se haya hecho mucho más fuerte.
    Espero conseguirlo algún día.

  2. Mamá Jumbo ¿dónde vives que no hay doulas pero sí puedes acceder a una formación? Hoy puedes encontrar doulas en casi todas las ciudades…
    Espero se cumplan tus deseos.
    Un abrazo.
    Concha
    Amamadoula

  3. Hola,tu post me hace pensar mucho y me angustia un poco, te cuento:
    Sucede que voy a tener a mi primer bebé (recien tengo 11 semanas de embarazo) y contra más leo más siento q voy a necesitar a una doula en “ese” momento porque no puedo estar “vigilando” al equipo médico de que no me hagan nada sin mi consentimiento y a su vez estar en trabajo de parto!
    Yo recién estoy entrando en el tema y mi pareja entiende menos q yo, se que él estará ahí para apoyarme pero lo más probable es que no sepa velar por ese parto ideal para mi porque no tiene las herramientas para hacerlo.
    Las mujeres de mi entorno (mamá, suegra, hermana) no son de las que cuestionen a los médicos, son pasivas en su salud así que tampoco cuento con ellas en ese sentido.
    Aquí hay doulas pero yo no tengo dinero.
    Tengo la esperanza de que me toque un equipo médico amable y que ese día podamos tener un buen diálogo…
    Deseenme suerte!
    Cariños,
    Gaby.

    • Naturmamy

      Gaby, lo más importante es que vayas segura y muy informada. Seguro que si explicas a los profesionales qué quieres y qué no, con fundamento, educación y respeto, desde luego, te apoyan y te respetan. Algunos lo hacen de mejor gana que otros, no te voy a engañar, pero es su obligación respetar tus decisiones. También puedes explicárselo a tu pareja si te quedas más tranquila. Ya nos cuentas como va, Gaby. ¡Y enhorabuena!

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