Lo dejo en la cuna y llora

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He tenido esta conversación con algunos padres en varias ocasiones:

–          Es que yo no sé qué le pasa, que lo dejo en la cuna (sofá, cama) y llora… ¿Tendrá cólicos? ¿Qué le pasará?

–          ¿Pero solo llora si lo dejas? ¿Y si lo coges se calla?

–          Sí, sí.

–          Bueno, pues es que tu hijo es muy listo y sabe dónde quiere estar.

–          ¿O sea que me vacila?

–          No, no. Que tu hijo quiere estar contigo… ¿de qué otra manera te lo podría decir?

He dicho en varias ocasiones que para mí, como madre, es un privilegio estar cerca de tantas mamás. Y veo que al principio casi todas (me incluyo, desde luego) no tenemos muy claro el concepto de “el bebé nos necesita”. Sí, la gente nos lo dice; lo sabemos, lo asumimos… pero cuando lo dejamos y llora; nos asombramos. Quizá pensamos que nos necesita para comer, para tener el culito limpio, para que lo llevemos al pediatra y lo llevemos abrigadito en invierno. Pero es probable que no nos paremos a pensar que necesita estar encima, nuestro contacto, nuestro olor. Necesita sentirse amado y seguro tanto como necesita comer.

Los bebés humanos son los mamíferos que más tiempo necesitan, después de nacer, para “independizarse”. Nacen de manera “prematura” en comparación con el resto de mamíferos, porque si se siguiera desarrollando la cabeza hasta que estuviesen “listos” no podrían salir por la pelvis, con esta manía que tenemos los humanos de ir a dos patas 😉 Si pensamos por ejemplo en un ternerito, poco después de nacer se pone a caminar, puede perseguir a su madre y enseguida comerá él solito.

Pero nuestros bebés no son así… Si la mamá se va a hacer pipí (¡¡es que no puedo ni ir al baño sin que llore!!) es muy probable que el bebé se ponga como un loco. Porque el bebé no sabe si su madre se va y vuelve en 2 minutos o si se va para siempre. Y lleva correctamente grabado en su memoria genética que si su madre lo abandona puede llegar un lobo y merendárselo. Está preparado para reclamar a su madre en cuánto siente peligro. Si nos vamos algunos miles de años atrás, los bebés necesitaban ir en brazos para sobrevivir, para estar calientes, para alimentarse… y las mamás tenían que llevarlos, porque además, no tenían pelaje para que se pudieran agarrar como los primates, por ejemplo.

Imagínate que te apetece estar abrazada a tu pareja. Y te dice: “Cariño, no te voy a abrazar quédate ahí sola en el sofá que ya te he abrazado antes un ratito, ya tienes suficiente”. Entonces puede que te enfades o incluso te sientas tan mal que te pongas a llorar. Imagina que él o ella te responde “Bueno, no me hagas chantaje porque no va a funcionar. Llora todo lo que quieras que te vas a quedar ahí” y mientras lloras, desconsolada porque dudas si tu pareja te quiere, mira la tele o pone la mesa con resignación. Quizás se le ocurra decirte que te vayas a llorar a otro sitio porque no oye la tele ¿Te lo imaginas? ¿Cómo te sentirías? En adultos es una situación muy poco común ¿verdad? No creemos que eso nos lo vaya a hacer un adulto. Sin embargo no nos costaría imaginar lo anterior si es el niño el que quiere brazos o está llorando para que lo cojamos. Asumimos que los adultos necesitamos afecto de las personas que queremos, y como nos quieren nos lo dan sin rechistar, con gusto y cuando lo necesitamos. Y si no nos lo dieran nos plantearíamos si realmente nos quieren ¿Y por qué no podemos extrapolar esto a los niños? ¿Por qué nos cuesta entender que ellos tienen muchísimos menos recursos que nosotros para gestionar este tipo de emociones?

Llevar a los hijos en brazos es algo precioso. La mamitis es fisiológica, igual que la hijitis y no hay que preocuparse por ello. Si no disfrutarlo y atesorar cada segundo del bebé o niñ@, porque alguna vez (que además, desconoceremos) será la última vez que lo cojamos en brazos.

Además, gracias a los portabebés podemos hacer muchísimas cosas mientras los llevamos en brazos (comprar, leer, pintarnos, cocinar, planchar, limpiar…)

 

2 Respuestas

  1. Siguiendo con tu ejemplo:…”Cariño, no te voy a abrazar quédate ahí sola en el sofá que ya te he abrazado antes un ratito, ya tienes suficiente…”

    Hay que entender también que hay personas, momentos en los que no quieres abrazar ni se abrazado, momentos en los que lloras que no buscas un abrazo, buscas otra cosa. Yo puedo, como adulto, buscar una conversación y un bebe por ejemplo buscar a alguien que le mueva un sonajero para ensimismarse con el sonido.

    • Inés Prieto

      Hola Alex,
      Claro, no siempre necesitamos lo mismo, ni los adultos ni los niños. Lo que quería trasmitir es que hay no hay que tener “miedo” a cogerlos. Ante todo hay que cubrir sus necesidades; si moviendo el sonajero el bebé se calma, pues listo 🙂 ¡Gracias por tu comentario!

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